Las investigaciones en un ámbito médico o conductual como lo son algunos trastornos han presentado un avance a nivel de muestreo, sin embargo, es cierto que esto aún no es lo que se esperaría; estudios muestran cómo la representación de mujeres es menor que la de hombres para las investigaciones que se han hecho de diversos temas.
Específicamente el trastorno del espectro autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo que influye en diferentes aspectos de la vida de las personas. Entre sus principales características se encuentran las dificultades para la interacción social y la comunicación, así como la presencia de ciertas conductas repetitivas y una menor flexibilidad en el comportamiento.
Estudios muestran que para cada persona el TEA se presenta de diferentes maneras, se menciona que sí hay rasgos de similitud en un porcentaje de casos, pero a pesar de esto, estas siguen teniendo sesgos como se había mencionado anteriormente; la escasa participación de mujeres hace que se pasen por alto algunas cosas.
Las mujeres desde pequeñas aprenden a adaptarse a diferentes entornos de su vida, sociales, académicos y posteriormente laborales, usando el “masking” como método de camuflaje para encajar, evitar críticas y cumplir con las expectativas; esto hace aún más difícil poder observar rasgos que indiquen este trastorno y que mujeres tengan diagnósticos tardíos o incluso que no los haya, a diferencia de lo que ocurre en los hombres, con una proporción aproximada de 4:1 entre hombres y mujeres.
Al igual que en el caso del TEA muchas otras investigaciones de trastornos o cuestiones de salud están limitadas. Por ejemplo, en el TDAH también pueden variar los comportamientos entre hombres y mujeres partiendo de las situaciones sociales y culturales de las que están rodeados, ignorar un sector tan grande hace que no haya tanta información confiable que permita respaldar estas diferencias y comprenderlas mejor.
Aunque las investigaciones han avanzado con el paso de los años, existen vacíos importantes cuando se trata de la representación de las mujeres en estudios sobre trastornos del neurodesarrollo y otras condiciones de salud debido a la brecha de género. Esto provoca que muchos criterios diagnósticos de algunos trastornos se construyan a partir de características observadas principalmente en hombres, dejando de lado las formas en que estos pueden manifestarse en las mujeres.
Esta situación ha contribuido a que muchas mujeres reciban un diagnóstico tardío o incluso nunca sean diagnosticadas. Incluir una mayor participación femenina en las investigaciones no solo permitiría comprender mejor estas diferencias, sino también desarrollar herramientas de diagnóstico más precisas y una atención más adecuada y equitativa para todas las personas.



