Elvira Espejo Ayca: la mujer indígena que mantiene viva la memoria andina

Salar de Uyuni (Bolivia) Fuente: Pixabay, otsuka88, 2016.

Desde una comunidad originaria perteneciente a los Andes, se construyó la voz de Elvira Espejo Ayca, una artista interdisciplinar e investigadora indígena que logró partir de su territorio sin por ello abandonar sus raíces, convirtiéndose en la primera mujer de Ayllu Qaqachaka, Oruro, que tomó tal decisión en busca de adquirir una formación educativa. Su aprendizaje en la Academia Nacional de Bellas Artes, ubicada en La Paz, constituyó el primer paso de una trayectoria marcada por el deseo de amplificar voces históricamente silenciadas. Al contar con un carácter tenaz, Espejo Ayca ha llegado a alcanzar reconocimiento institucional, siendo la primera mujer indígena en estar al frente del MUSEF (Museo Nacional de Etnografía y Folklore), desde donde se difunde activamente la riqueza del patrimonio cultural de su lugar de origen.

A lo largo de los siglos, la filosofía occidental ha tratado de ofrecer respuesta a la cuestión de quién puede producir conocimiento, los aportes de Elvira Espejo Ayca posibilitan una exploración de esta misma pregunta desde un contexto particular: el saber indígena. Bajo el paraguas de lo que la RAE presenta individualmente como ‘saber’ (estar instruido en algo) e ‘indígena’ (aquella persona que forma parte del pueblo que originariamente se asentó en un país o en un territorio y que suele conservar su identidad y su cultura tradicional), se encuentra una oportunidad para transmitir de una manera única la complejidad de las cosmovisiones del mundo del que formamos parte.

Al igual que la discapacidad ha sido y continúa siendo mayormente interpretada desde la limitación en vez de desde la capacidad, los saberes indígenas también fueron relegados a un plano secundario, eclipsados por la dominación de otras culturas. Elvira Espejo Ayca reivindica conscientemente que la identidad indígena además de aportar conocimiento útil, transforma esquemas de pensamiento, cuestiona la jerarquía en roles de liderazgo y teje imaginarios colectivos alineados con la justicia social.

A través de su desempeño, se mantiene viva la memoria andina, que demuestra estar estrechamente unida a la naturaleza, la interdependencia, el desarrollo textil, al respeto de los ciclos naturales así como al cuidado de la convivencia entre los distintos seres vivos que habitan el planeta.

En definitiva, la figura de Elvira Espejo Ayca no solo ha de ser contada por el valor de su destreza artística, sino también por el recordatorio que supone acerca de cómo pueden repercutir positivamente en las sociedades unos actos humanos, pues su labor directiva puede inspirar a otras mujeres nacidas en contextos desfavorables a hallar la forma de cambiar sus destinos y, al mismo tiempo, los destinos de todas aquellas que las tengan como referentes.

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