El concepto de la supermujer

La doble cara de la búsqueda de la excelencia femenina que desafía la química del amor

No son pocos los logros conseguidos en la lucha por los derechos de las mujeres en los últimos cien años. Atrás quedan los tiempos en los que el que llevaba los pantalones era el hombre, fumar era una actividad inapropiado, el divorcio era un trámite bochornoso y humillante, y así un largo etcétera. Costumbres y hábitos normalizados a día de hoy, pero que hace no mucho eran impensables actos protagonizados por mujeres. La educación ya no es un terreno vedado para nosotras tampoco. Es más, según el INE (Instituto Nacional de Estadística), el porcentaje de mujeres graduadas en educación superior en 2022 fue del 54,4%, mientras que el de los hombres fue del 45,4%. Más que un logro, una batalla ganada.

Pero, ¿cómo se traducen estos impresionantes datos en el ámbito de lo social? Hace unos días, el reputado psicólogo clínico y terapeuta de pareja, Antoni Bolinches, especializado en sexualidad humana, acudía al podcast VERDADES (in)CÓMODAS para charlar sobre su último libro publicado: Psicoterapia para el mal de amores. Aunque fueron muchos los temas que se abordaron en torno a la vida en pareja y todo lo relativo a esta, hubo un concepto que me llamó poderosamente la atención. Era algo que ya había escuchado antes, de pasada, sin mucha más explicación, algo que, muy probablemente, resuelva muchas de las dudas en torno a la vida amorosa (o la falta de esta) que algunas mujeres de mi entorno se preguntan: ¿por qué es tan difícil encontrar el amor?

Todo tipo de supermujeres

Sé que muchas de estas mujeres a las que me refiero son seres excepcionalmente exitosos. Lo sé porque sus logros hablan por ellas: han estudiado hasta la extenuación, son líderes competentes en su entorno laboral, socialmente siempre son el foco de atención por la energía que desprenden, su facilidad comunicativa, y el don de hacerse querer por ser como son. En definitiva, han excedido las expectativas proyectadas en ellas. Pero están cansadas. Sus propios ideales han desbordado sobremanera la realidad de su vida. Estas mujeres son supermujeres. Lo sé, te acabas de imaginar a esa heroína de comic de acción con poderes sobrehumanos y habilidades de combate superiores. Y así es, son mujeres poderosas, con poderes; el lazo del éxito, los brazaletes de la independencia y la tiara de la educación son sus armas diarias en la batalla social. Pero muchas de ellas han encontrado un oponente que pone a prueba su evolución social y que se les sigue resistiendo: los hombres.

Como decía al comienzo de este texto, ha sido un siglo de cambios muy bruscos y tumultuosos que han provocado la evolución de la mujer en el ser que es ahora y “un cambio tan radical en el rol de género en sociedad ha traído consecuencias que han desorientado a ambos géneros, es decir, las mujeres están decepcionadas por el no cambio del hombre, mientras que el hombre está desorientado ante el cambio de las mujeres”, sentencia el psicólogo Bolinches. La tesis sostiene que cualquier mujer que haya sido capaz de evolucionar, digamos, una mujer con una educación, independiente, con proyección social, esto es, socialmente exitosa, ha degenerado, como respuesta a este mundo cambiante, en lo que se está empezando a denominar como el síndrome de las supermujeres. 

La presión social por hacerlo todo no solo bien, sino excediendo satisfactoriamente las competencias de la vida, las ha llevado a crear unos estándares inalcanzables y a sufrir un agotamiento tan profundo que emana en forma de frustración que les hace plantearse qué tienen de malo. ¿Estoy haciendo algo mal? ¿Puedo hacerlo mejor? ¿Por qué no puedo encontrar un igual? Porque sí, las supermujeres no son inmunes al enamoramiento, aunque parezca que su hormona del amor es asintomática.

El experto en cuestiones del amor, Bolinches, sostiene que la manera de enamorarse de las mujeres es muy distinta a la de los hombres, pues ellas se enamoran admirativamente, lo cual se explica de la siguiente manera: “el encontrar en esa persona unos valores, un atractivo, unas capacidades, un perfil que resulte atractivo, digamos que permita una relación enriquecedora.” En definitiva, un igual, el encontrarse en una relación con una persona a la que admirar, donde ellas “se encuentran gratificadas por los valores que encuentran en ellos”. La problemática viene cuando este hombre admirable está en paradero desconocido, pues este colectivo está desorientado. En palabras de Bolinches, “Esto genera una desproporción entre mujeres evolucionadas y hombres suficientemente maduros para todas estas mujeres. Con lo cual se da la paradoja de que al hombre que mejora, aquel que alcanza la excelencia, le sobran mujeres que se enamoren de él, y, a la mujer que alcanza la excelencia, le faltan hombres para poder elegir, porque ellas se siguen enamorando admirativamente. Por lo tanto, cuanto mayor es su excelencia menos hombres admirables encuentran […].” WOW.

Otra diferencia de género en el amor se da en que “los hombres prefieren relaciones cómodas, mientras que las mujeres prefieren relaciones vivas. Por tanto, una supermujer genera una dinámica en la que si el hombre no está muy activo y muy proactivo, esto le puede generar cierto estrés e incomodidad por no estar a la altura.” El psicólogo ejemplifica este paradigma del siguiente modo: “digamos que se da el caso entre dos amigas donde una de ellas presenta una actitud vital más conformista, menos autónoma, ambas en igualdad de condiciones de atractivo. Entonces, este hombre elegirá a la mujer más cómoda y no a la mujer más evolucionada.” ¿Quiere esto decir que debemos sacrificar nuestras carreras y aniquilar nuestra evolución en haras de encontrar un igual? ¿O no flaquear en nuestra nuevo progreso hacia el éxito sin desfallecer en la búsqueda del compañero perfecto (si acaso existe)?

Desde la perspectiva de estas supermujeres con valores más amplios, necesitan de un compañero con cuyos valores puedan gratificarse, lo cual implica que cuanto más evolucionadas están, menos se sorprenden, necesitan enriquecerse con la palabra del ser amado. “Por eso, el enamoramiento, casi siempre, aunque es recíproco, no es simétrico, siempre hay uno que quiere más que el otro, uno que se deja querer y el otro que quiere. Desde un punto de vista de relaciones de fuerza de poder, siempre manda más quien menos ama. Porque si yo te necesito a ti menos que tú a mí, evidentemente tú estrás más pediente de mí que yo de ti. Por eso, lo que nos conviene es tener buena autoestima.” Al fin y al cabo, la razón de estar en pareja debería ser el hecho de “estoy contigo no para llenar mi déficit ni mi incompletud, sino para compartir nuestra plenitud, y es ahí cuando se produce un enriquecimiento recíproco. La idea principal sería: el arte de enamorar es el arte de mejorar. En los hombres eso siempre es cierto; problema de las supermujeres, que si mejoran demasiado, enamoran menos porque muchos hombres no se atreven y otros, a esas mujeres, no les gustan [esos otros] porque son demasiado simples o insustanciales.”

Esto plantea la problemática de que “aún no se ha creado un nuevo paradigma más igualitario, más simétrico, más fundamentado en el enriquecimiento de la diferencia”, y esa diferencia está empezando a suponer un tema de conflicto. “Se necesita de una revolución psicológica, no sociológica, los hombres necesitan entender que la diferencia nos permite un enriquecimiento recíproco y las mujeres deberían tener paciencia, dado que los hombres son más lentos.” No lo digo yo, lo dice el doctor Bolinches.

Este fundamento de Antoni Bolinches está basado en un estudio que hizo sobre esta problemática en 150 mujeres que acudían a su consulta con el siguiente perfil: guapas, autorrealizadas, con estudios superiores, buena situación económica, estatus profesional y social. Como consecuencia de esto tenían dificultades para encontrar hombres adecuados. El mismo perfil de hombre presenta la siguiente consecuencia: le sobran mujeres. Una vez más, la vida demuestra que tal vez, y solo tal vez, a veces, las mujeres somos demasiado buenas.

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