La investigación concluye que los jóvenes españoles son, en términos generales, menos sexistas que generaciones anteriores, pero cada vez se identifican menos con el feminismo y muestran una mayor desconfianza hacia las políticas de igualdad.
La Generación Z española vive una aparente contradicción. Aunque mantiene actitudes más igualitarias que las generaciones anteriores en aspectos como la igualdad salarial o el rechazo a determinadas formas de discriminación, también muestra un descenso progresivo en su identificación con el feminismo y un aumento de las posiciones antifeministas, especialmente entre los hombres jóvenes. Así lo recoge el estudio Beware of Neoliberal Feminism, elaborado por el analista Javier Carbonell para la Foundation for European Progressive Studies (FEPS).
La investigación, basada en el análisis de más de 460.000 respuestas de la European Social Survey y en grupos de discusión realizados en España, identifica un cambio ideológico relevante entre los menores de 30 años. Según sus conclusiones, los hombres jóvenes han protagonizado durante la última década un giro más acusado hacia posiciones de derecha y un incremento del apoyo a partidos de extrema derecha, mientras que las mujeres jóvenes, aunque siguen siendo el colectivo más favorable a la igualdad de género, también han comenzado a desplazarse hacia posiciones más conservadoras desde 2022.
Uno de los hallazgos más llamativos del informe es que la disminución del apoyo al feminismo no implica necesariamente un aumento del sexismo. De hecho, los autores sostienen que muchos jóvenes respaldan principios como la igualdad salarial o la igualdad de oportunidades, pero rechazan el feminismo como movimiento político al asociarlo con la polarización, el enfrentamiento ideológico o determinadas políticas públicas.
El feminismo neoliberal
El estudio introduce el concepto de «feminismo neoliberal» o girlboss feminism para explicar esta evolución. Esta corriente pone el foco en el éxito individual de las mujeres, la meritocracia y la libertad personal, mientras resta importancia a las desigualdades estructurales o a la acción colectiva. Según los investigadores, esta visión resulta especialmente atractiva para una generación marcada por la precariedad económica, la dificultad de acceso a la vivienda y la desconfianza hacia las instituciones políticas.
Los grupos de discusión reflejan que muchos jóvenes consideran que la igualdad de género entre su generación ya está prácticamente conseguida, especialmente en el ámbito laboral. Al mismo tiempo, muestran una fuerte oposición a medidas como las cuotas de género y expresan dudas sobre la utilidad de determinadas políticas de igualdad, aunque mantienen una elevada preocupación por la violencia de género y apoyan endurecer las sanciones contra los agresores.
La investigación también evidencia un descenso continuado en la identificación con el feminismo. Entre las mujeres jóvenes, el porcentaje que se define como feminista ha caído del 67% en 2021 al 51% en 2025, mientras que entre los hombres apenas alcanza el 26%. Paralelamente, aumenta la percepción de que el feminismo se ha convertido en una herramienta política y crece el número de jóvenes que considera que sus objetivos ya se han alcanzado.
¿Por qué ha crecido el antifeminismo?
Para los autores, este fenómeno no responde únicamente a cuestiones culturales o ideológicas. El informe vincula el auge del antifeminismo con factores estructurales como la pérdida de poder adquisitivo de las nuevas generaciones, la crisis de acceso a la vivienda, el debilitamiento de organizaciones colectivas y el creciente desencanto con la política tradicional. En este contexto, sostienen que combatir el rechazo al feminismo pasa tanto por reforzar las políticas de igualdad como por ofrecer respuestas a los problemas económicos que afectan a la juventud.
Entre sus recomendaciones, el estudio propone recuperar un discurso sobre igualdad conectado con las preocupaciones materiales de los jóvenes, fortalecer las organizaciones sociales y sindicales, mejorar el acceso a la vivienda y desarrollar una visión más inclusiva de la masculinidad que contrarreste la influencia de los discursos antifeministas en redes sociales.



