Un asesinato por violencia machista cada 76 horas es la cifra actual del año. Los datos comparativos muestran un aumento del 100% en los asesinatos durante los primeros 50 días de 2026 frente a 2025.
Son 16 las víctimas mortales de una violencia estructural que continúa arrebatando vidas, ya que no todos estos crímenes encajan jurídicamente en la categoría estricta de “violencia de género” según la Ley Orgánica 1/2004. No todos serán contados oficialmente como feminicidios, pero todos comparten un mismo sustrato: la violencia ejercida desde una posición de dominio, control y desprecio hacia las mujeres y su entorno.
El agravante común no es solo el vínculo, es la cizaña del odio, del sentimiento de propiedad, y de demostración de poder por sobre las mujeres. En la mayoría de los casos, agravado por una relación afectiva previa o actual.
Las víctimas
- Pilar Sánchez, 38 años, asesinada el 4 de enero en Quesada (Jaén) por su expareja. Ambos constaban en el sistema VioGén: ella como víctima; él, de 61 años, como agresor.
- Czarina C., 43 años, asesinada el 6 de enero en Las Palmas de Gran Canaria por su marido, quien después se suicidó. Existían antecedentes en VioGén por hechos en 2024, aunque la causa estaba archivada.
- María Isabel, 58 años, asesinada el 11 de enero en Olvera (Cádiz) por su marido. No constaban denuncias previas.
- María del Carmen Díaz Delgado, 78 años, fallecida el 12 de enero en Badajoz tras la paliza propinada por su marido de 81 años. No había denuncias previas ni registro en VioGén.
- Victoria H., 33 años, asesinada el 24 de enero en Alhaurín el Grande (Málaga) por su exmarido, en presencia de sus tres hijos menores. El caso estaba activo en VioGén con riesgo bajo y existía orden de alejamiento vigente.
- Álex, 13 años, asesinado el 24 de enero en Sueca (Valencia) por el padre de un amigo. La investigación apunta a un crimen vinculado a un conflicto de violencia de género previo hacia la madre del menor amigo.
- Mujer de 53 años, asesinada el 25 de enero en Lleida por el hombre con el que convivía, quien confesó el crimen.
- Mujer de 31 años, asesinada el 27 de enero en Córdoba por su padre, quien figuraba en VioGén.
- Heitrum Hellwig, 78 años, asesinada el 1 de febrero en Arona (Tenerife) por su hijo.
- María Belén Fernández, 52 años, asesinada el 1 de febrero en Mos (Pontevedra) por su expareja. No constaban denuncias previas.
- Ana María, 64 años, asesinada el 16 de febrero en Benicàssim (Castellón) por su expareja. No figuraban en VioGén.
- (2) María José Bou Valenzuela, 47 años, asesinada el 17 de febrero en Xilxes (Castellón) junto a su hija Noemí, 12 años, por su exmarido, que tenía orden de alejamiento vigente. El caso estaba registrado en VioGén con riesgo medio.
- Petronila B. F., 37 años, asesinada el 18 de febrero en Madrid por su expareja.
- Un niño de 10 años, asesinado el 20 de febrero por su padre, quien hirió gravemente a su expareja. Se investiga como posible violencia vicaria.
- Tatiana Rodríguez, 29 años, asesinada el 20 de febrero en Sarriguren (Navarra) presuntamente por su pareja delante de su familia. La madre del asesino también se encuentra gravemente herida por el mismo.
Dieciséis asesinatos. Mujeres de 29 a 78 años y dos mejores fallecidos; hijos que presenciaron cuchilladas, órdenes de alejamiento quebrantadas, denuncias que no prosperaron. También hay casos sin denuncia previa, y otros activos en el sistema VioGén, dependiente del Ministerio del Interior.
Como es evidente, la denuncia no siempre garantiza la protección absoluta. La ausencia de denuncia no significa ausencia de violencia, y la violencia machista no comienza con el asesinato.
No son casos aislados; son el reflejo de un problema estructural que exige responsabilidad colectiva.
La violencia que hemos normalizado
Hay una verdad incómoda que cuesta asumir: hemos naturalizado el asesinato de mujeres dentro del sistema patriarcal en el que vivimos. La repetición constante de noticias sobre crímenes machistas corre el riesgo de convertirse en rutina informativa. Un titular más, Una cifra que se suma… Pero no son cifras, son vidas.
Y cuando la violencia se vuelve paisaje, pierde capacidad de escandalizar. Esa normalización no solo anestesia a la sociedad: también puede funcionar como efecto llamada para agresores que comparten la misma lógica de posesión y dominio, sobre todo en redes sociales con la potenciación de grupos antifeministas y la cultura “incel”. La violencia machista es estructural y también es imitativa; se alimenta de referentes, de discursos que minimizan, de entornos que justifican, de narrativas que hablan de “arrebatos” en lugar de hablar de control y odio… La gravedad no es solo el crimen en sí; es el contexto que lo permite.
Un Estado que llega tarde, una justicia que muchas veces no protege a tiempo, órdenes de alejamiento quebrantadas… Valoraciones de riesgo que no evitan el desenlace.
Y cuando el asesinato se consuma, la respuesta penal tampoco repara el daño irreparable. En España, incluso en casos de asesinato con agravantes, las condenas pueden traducirse en estancias efectivas que rondan los 17 años o incluso menos si existen beneficios penitenciarios y buena conducta.
Diecisiete años frente a una vida entera truncada.
Diecisiete años frente a hijos e hijas que crecerán sin su madre.
Frente a familias que no volverán a compartir una sobremesa.
Frente a mujeres que ya no tendrán ni un minuto más de vida… La desproporción es abismal.
Esto no es una apelación al castigo como única solución, sino un llamado a entender que la prevención real empieza antes: en la educación, en la detección temprana del maltrato psicológico, en la deslegitimación social del control, en la ruptura con la idea de que el amor implica posesión.
Porque cada vez que se banaliza un insulto, cada vez que se tolera el aislamiento, cada vez que se ridiculiza a quien denuncia, se está sosteniendo el mismo entramado que termina en cuchilladas, palizas o disparos.
La violencia machista no nace el día del asesinato. Ese día solo se consuma.
Y mientras no dejemos de normalizarla como parte del paisaje social, seguiremos contando víctimas en lugar de prevenirlas.
La pregunta no es solo cuántas más. La pregunta es qué estamos dispuestos a cambiar para que no haya una víctima número 17.
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Si eres víctima de violencia:
El teléfono 016 atiende a las víctimas de violencia machista, a sus familias y a su entorno las 24 horas del día, todos los días del año, en 53 idiomas diferentes. El número no queda registrado en la factura telefónica, pero hay que borrar la llamada del dispositivo. También se puede contactar a través del correo electrónico 016-online@igualdad.gob.esy por WhatsApp en el número 600 000 016. Los menores pueden dirigirse al teléfono de la Fundación ANAR 900 20 20 10. Si es una situación de emergencia, se puede llamar al 112 o a los teléfonos de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062). Y en caso de no poder llamar, se puede recurrir a la aplicación ALERTCOPS, desde la que se envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización.



