Nuevo año, 46 mujeres menos

Imagen creada con IA

El balance de 2025 deja una cifra que vuelve a sacudir conciencias: 46 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas en España y tres menores murieron como consecuencia de la violencia vicaria. Lejos de ser un dato aislado, este recuento anual vuelve a poner sobre la mesa una realidad estructural que persiste día tras día, sin pausas ni reinicios con el cambio de calendario.

Desde que comenzaron los registros oficiales en 2003, 1.341 mujeres han sido asesinadas por violencia machista. El dato resume dos décadas de una tragedia sostenida: una mujer asesinada cada semana durante 22 años. Un goteo constante que evidencia un fallo profundo como sociedad y como Estado.

Aunque el número de asesinatos en 2025 fue ligeramente inferior al del año anterior y las medias de la última década muestran una tendencia algo más baja que en periodos previos, cualquier lectura triunfalista resulta imposible. Cada vida perdida invalida cualquier intento de autocomplacencia. La violencia machista no admite balances positivos: una sola víctima ya es demasiado.

Atribuir estas muertes a una supuesta fatalidad es una forma de eludir responsabilidades. Los descensos puntuales, al igual que el aumento de denuncias por acoso o agresiones sexuales, están ligados a una mayor conciencia social frente al machismo. Un avance impulsado, en gran medida, por la movilización constante y pedagógica del movimiento feminista y de mujeres que, desde lo cotidiano, han empujado cambios culturales y políticos. Un camino que hoy se vuelve aún más urgente ante el avance del negacionismo de la violencia de género en parte del debate público.

El papel de las instituciones

Las instituciones tienen un papel clave que no puede limitarse a declaraciones. Es imprescindible reforzar la educación en igualdad, la prevención y la implicación real de los poderes públicos. Pero el tiempo juega en contra: en esta realidad, cada día cuenta porque cada día puede costar una vida.

Uno de los datos más alarmantes del último año es que el 75% de las víctimas no había presentado denuncia previa. Una cifra que pone en cuestión la capacidad del sistema para generar confianza y protección real. Revela que muchas mujeres siguen percibiendo las instituciones como distantes o incluso hostiles, y subraya la necesidad de garantizar su acceso efectivo a los espacios de poder y decisión. Sin igualdad no hay libertad, y sin ambas no puede erradicarse la violencia.

El año arranca con el contador oficialmente a cero. Pero esa cifra es solo una ilusión estadística. La próxima mujer asesinada no será solo la primera de 2026: será la número 1.342. Y ese dato interpela directamente a toda la sociedad.

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