La Unión Europea vuelve a poner números a una desigualdad que se siente en el bolsillo: según el Índice de Igualdad de Género 2025 del Instituto Europeo de Igualdad de Género (EIGE), las mujeres tendrían que trabajar 15 meses y 18 días para ganar lo mismo que los hombres en un año. La fotografía es tan clara como incómoda: las mujeres solo ingresan el 77% del salario anual que perciben los hombres, una brecha que se traduce en lo que el organismo denomina un “trimestre fantasma” de trabajo gratuito.
Este desfase salarial no es anecdótico: afecta directamente al tiempo personal, la salud mental, la conciliación y las pensiones futuras. Según el informe, la brecha de pensiones en la UE ya alcanza el 25%, una consecuencia directa de menor salario, carreras profesionales más fragmentadas y mayor carga de cuidados no remunerados.
La igualdad plena, a medio siglo vista
La directora del EIGE, Carlien Scheele, advierte que la igualdad real “sigue a 50 años de distancia” si Europa no acelera las políticas de género. Aunque el índice general mejora hasta los 63,4 puntos sobre 100, ningún país alcanza la igualdad plena. Suecia vuelve a liderar el ranking con 73,7 puntos, mientras que Chipre se mantiene a la cola con 47,6.
El informe analiza seis áreas clave —trabajo, dinero, conocimiento, tiempo, poder y salud— y este año incorpora dos dimensiones ampliadas: violencia de género e interseccionalidad, reconociendo que ni todas las mujeres viven lo mismo ni todas enfrentan las mismas barreras.
España: fuerte avance, pero con contradicciones
España mantiene el cuarto puesto entre los 27 Estados miembros, con 70,9 puntos, por detrás de Suecia, Francia y Dinamarca. Sigue situándose por encima de la media europea y destaca especialmente en la dimensión de poder, donde ha avanzado de forma notable en los últimos cinco años gracias al aumento de mujeres en puestos de decisión política y económica.
Aun así, la paradoja persiste: las mujeres españolas cuentan con mayor formación que los hombres, pero siguen concentradas en sectores feminizados, con salarios más bajos y menor acceso a puestos directivos. Además, asumen la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados, una carga que limita su tiempo, su carrera profesional y su salud.
Una brecha que también es cultural
El informe subraya un dato especialmente llamativo: los hombres jóvenes son cada vez menos propensos a reconocer las desigualdades de género, influenciados por narrativas regresivas en redes sociales y espacios digitales. Al mismo tiempo, las mujeres jóvenes —más formadas y más informadas— identifican mejor estas desigualdades, pero siguen enfrentando reacciones negativas, acoso digital y discursos antifeministas.
Las soluciones ya existen, pero no se aplican con suficiente fuerza
El EIGE insiste en que Europa conoce perfectamente los mecanismos para cerrar la brecha:
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Igualdad salarial efectiva y transparencia retributiva.
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Sistemas públicos de cuidados que no recaigan solo en las mujeres.
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Redistribución real del trabajo doméstico.
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Objetivos y cuotas de liderazgo que conviertan el talento femenino en poder efectivo.
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Políticas que integren la interseccionalidad como criterio central.
Sin embargo, la institución advierte de que, sin voluntad política y sin inversión, no habrá igualdad real antes de 2075.
Un recordatorio incómodo, pero necesario
Las cifras del EIGE funcionan como un espejo que la UE no puede seguir esquivando: la brecha salarial sigue determinando la autonomía económica de millones de mujeres, sus oportunidades, su bienestar y su futuro. Y aunque España destaque en el ranking, el informe deja claro que “estar arriba” no significa haber llegado.
La igualdad, en Europa, sigue siendo una meta. Y un reloj que corre solo para un lado.



