Un nuevo informe publicado por la OMS pone de relieve una realidad brutal: casi una de cada tres mujeres en el mundo —equivalente a 840 millones— ha sufrido violencia de pareja o agresiones sexuales a lo largo de su vida.
Una lacra global que apenas cede
Aunque ha habido décadas de lucha por los derechos de las mujeres, los avances siguen siendo mínimos: la tasa global de violencia de pareja apenas ha disminuido —una reducción anual de tan solo un 0,2% en las últimas dos décadas.
En el año más reciente analizado, 316 millones de mujeres de 15 años o más sufrieron violencia física o sexual por parte de una pareja. Por primera vez, el informe también ofrece estimaciones globales sobre violencia sexual cometida por personas que no son la pareja: al menos 263 millones de mujeres han denunciado este tipo de agresiones.
Juventud atacada: las adolescentes también sufren
El estudio destaca especialmente el impacto entre las mujeres más jóvenes: alrededor del 16 % de las chicas de 15 a 19 años han sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja durante el último año.
Esto revela que la violencia no es un problema que afecte solo a mujeres adultas: muchas comienzan a sufrir agresiones desde la adolescencia, lo que marca de por vida su desarrollo, su salud física, psicológica y su autonomía.
Consecuencias más allá de la violencia visible
La violencia de género no solo deja huellas en lo físico: los efectos sobre la salud —mental, sexual y reproductiva— pueden ser profundos y duraderos. La OMS advierte que quienes la padecen tienen mayores probabilidades de sufrir depresión, trastornos de ansiedad, embarazos no planificados, infecciones de transmisión sexual o complicaciones en su salud reproductiva.
Además, en contextos de crisis —conflictos armados, pobreza, desplazamientos o vulnerabilidad climática—, el riesgo se incrementa considerablemente.
Una lucha invisibilizada… y con fondos que se desploman
El informe alerta también de que, a pesar de la magnitud del problema, la respuesta global es inadecuada: en 2022, solo el 0,2% de la ayuda internacional al desarrollo se destinó a programas de prevención de violencia contra mujeres —una cifra que, según el documento, sigue cayendo.
Esa falta de recursos limita gravemente la capacidad de implementar medidas efectivas, ofrecer atención sanitaria, legal y psicológica, y brindar apoyo real a las supervivientes.
¿Qué piden la OMS y las organizaciones?: acción urgente, fondos y compromiso político
Ante estos datos, la OMS urge a los gobiernos y entidades internacionales a:
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Escalar programas de prevención basados en evidencia.
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Garantizar acceso a servicios integrales —salud, apoyo psicológico, asistencia legal— centrados en las supervivientes.
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Reforzar leyes y políticas de empoderamiento de mujeres y niñas.
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Mejorar los sistemas de recogida de datos, incluyendo mujeres en contextos vulnerables (indígenas, migrantes, con discapacidad) o en zonas de conflicto, para visibilizar todos los casos.
La violencia contra las mujeres —aseguran— no es solo una injusticia individual: es una crisis global de salud pública y derechos humanos.



