Not all men, pero sí 504.000* que murieron a causa de suicidio en un año

*Cifra aproximada. Podría ser mayor. 

Septiembre es el mes de prevención del suicidio. Y cada año, hay una conversación que se esconde —deliberadamente o no—: la salud mental masculina y la alarmante tasa de suicidios que solo incrementa cada año, pero nadie hace nada al respecto. 

¿Por qué? ¿Qué hace que la tasa de suicidios en hombres sea significativamente mayor que la tasa de suicidio en mujeres? No me malinterpreten; la salud mental femenina también es importante. Sin embargo, si lo que buscamos es igualdad… ¿Por qué la salud mental masculina parece ser insignificante ante la de las mujeres? 

La respuesta no te va a gustar, pero es una realidad innegable

¿Preparado? 

Sí, machismo. Porque al contrario de lo que muchas personas creen, este también afecta a los hombres. Probablemente más de lo que percibimos. 

Y es que, por mucho que hemos avanzado, aún se mantienen costumbres culturales y sociales que perpetúan el estereotipo de la masculinidad. Creencias que, aunque sepamos que están completamente obsoletas, siguen condicionando a muchas personas y afectando su manera de actuar. No somos de acero

La armadura del hombre

De acuerdo con las normas de la masculinidad ideal (establecidas por quien sabe quién), un hombre no debe mostrar sus sentimientos, pues es un signo de “debilidad”. La manifestación de emociones está designada exclusivamente a las mujeres, porque nosotras somos las histéricas, hormonaleslocas. El sexo débil

El hombre, en cambio, es el encargado de proveer, proteger y siempre, siempre, ser fuerte. Aquí no hay espacio para lágrimas, ni cansancio, y mucho menos para pausas que, biológica y psicológicamente, todos necesitamos. Vamos, aquí te dirían el típico “ahómbrate”. 

La verdad es que no se ha enseñado —ni permitido— a los hombres a reconocer sus emociones. No hay espacio para eso: los necesitamos “funcionales”. ¿Cierto? Como hombre, es tu deber ser el hombro en donde una mujer llora. Pero tú no lloras. Y por supuesto, no necesitas a nadie. Lo que debes hacer es encargarte de que el sueldo te dure hasta fin de mes para poder alimentar a tu familia, ser el que da la cara ante cualquier

confrontación y mantener a tu pareja contenta. Lo que necesitas es ser el más fuerte. ¿Y tus emociones? Pues… las reprimes. 

¿Sabes lo que sucede al reprimir tanto dolor y emociones? Empieza una cuenta regresiva. Un tic-tac que no se escucha. Y explotas. Ya no soportas el peso de todo lo que se te exige. Ya no aguantas tener que cumplir con lo que la sociedad espera de ti

¿No pagas? Débil. 

¿No ganas lo suficiente? Débil. 

¿Te abrumaste? Uy… débil. 

El problema no es que seas “débil”. El problema es que eres humano… y la sociedad no te permite serlo

¿Avance o retraso? El hombre “princesa”

Y ni hablar de la tendencia actual: llamarles princesas si no cumplen con los roles de género. Esto no solamente incrementa la depresión y las cargas que ya muchos esconden, sino que se sigue perpetuando la idea de que ser mujer es igual a ser menos. A ser débil. Y si como hombre hay un atisbo de feminidad en ti, ¡alarma! La sociedad no te perdonará. 

Quizás, en lugar de definir cómo debe comportarse un hombre y cómo debe actuar una mujer, deberíamos pensar en cómo podemos actuar simplemente como seres humanos. A partir de allí, será posible tener esta conversación tan urgente: todos sentimos. Todos, sin importar el género, nos derrumbamos. Y el quiebre de uno no es más apremiante que el del otro. 

No tienes que mostrarte fuerte todo el tiempo. Es válido simplemente no poder. Como hombre, también mereces pedir y recibir ayuda. Porque tu vida no es menos valiosa que la mía solo por tu género… o lo que tienes para ofrecerme.

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