Tacones, crop tops, eyeliner afilado y una seguridad impostada que dice: “sí, soy gorda, ¿y qué?”. Las redes sociales están llenas de cuerpos no normativos que brillan con lentejuelas, que posan con actitud, que enseñan piel. Cuerpos que parecen aceptados. Pero la aceptación tiene matices. Y límites. Porque muchas veces no es amor lo que recibes… sino tolerancia, disfrazada de halago.
La gordofobia estética es esa que no te insulta, pero te condiciona. No te rechaza de frente, pero te exige disimulo, estilismo, esfuerzo. Es la que te dice que puedes estar gorda siempre y cuando vayas bien peinada, elijas ropa “favorable” y no te salgas del molde de lo que las marcas ya han aprendido a vender como curvy cool.
“Qué estilazo tienes, ojalá yo con tu cuerpo”
¿Suena bien, verdad? Hasta que entiendes que lo que te están diciendo es: “me molestas menos porque sabes vestirte”. Como si el valor de tu cuerpo estuviera supeditado al rendimiento estético que logres sacarle. Como si no maquillarte fuera un acto de negligencia. Como si una camiseta ancha y unas crocs te hicieran perder la licencia para existir en público.
Y lo más incómodo: a veces esta presión también se cuela en espacios que buscan lo contrario.
Incluso dentro de discursos que celebran la diversidad corporal, a menudo se visibiliza más a ciertos cuerpos cuando cumplen con una estética cuidada, fashionista, perfectamente “empoderada”. Cuerpos diversos, sí… pero que luzcan bien en editoriales, que se alineen con una imagen cool, que encajen en una campaña inclusiva de Zara.
No se trata de señalar al feminismo, sino de ampliar la mirada: preguntarnos si, sin querer, estamos valorando más la representatividad cuando es rentable, estéticamente apetecible o viralizable.
El empoderamiento también oprime cuando es obligatorio
Nos han vendido la idea de que estar gorda y “empoderada” es una victoria. Pero ¿qué pasa si no quieres estar empoderada, sino simplemente tranquila? ¿Qué pasa si no te apetece estar siempre fabulosa, con el outfit perfecto, la piel radiante y la actitud de “me amo a mí misma cada segundo del día”?
El problema no es querer vestir bien. El problema es que eso se convierta en la única vía para que te respeten. El problema es que si te pones lo primero que pillas, o no sigues la estética TikTok compatible, vuelves a ser la gorda incómoda, la dejada, la que “no se cuida”.
Los cuerpos gordos no deberían necesitar justificarse para ser aceptados
No tendrían por qué demostrar estilo, ni resistencia, ni humor. No tendrían por qué disfrazarse de tendencia para poder existir en paz. La gordofobia estética no grita. Susurra, aplaude por lo bajo, da un asiento en la mesa solo si se llega bien peinada. Pero sigue siendo exclusión, aunque venga con filtros bonitos.
Y eso también hay que nombrarlo.



