La editorial Anagrama emitía hoy un comunicado donde anunciaba que se detenía la distribución del libro del periodista y escritor Luisgé Martín “El odio” hasta que las resoluciones judiciales indiquen.
Este libro aborda el asesinato de los hijos de José Bretón, un crimen de violencia vicaria ocurrido en 2011. Bretón mató a los niños, de seis y dos años, como venganza contra su esposa, Ruth Ortiz, quien le había pedido el divorcio un mes antes.
La postura de Anagrama y la polémica
Anagrama se ampara en la libertad de expresión y dice que no va reñida con la responsabilidad editorial. Reitera que el autor se aproxima desde un punto filosófico y ético a los crímenes cometidos y que para nada pretende exculpar o blanquear la imagen del asesino. Según Anagrama, el libro pretende narrar la monstruosidad de los actos. También contiene cartas y entrevistas que se han llevado a cabo entre el autor y el asesino durante los últimos años. Es importante mencionar que, en él, Bretón confiesa por primera vez su crimen desde que fue acusado.
Desde el “Lolita” de Nabokov, que de hecho fue censurada en sus inicios, pasando por innumerables obras, se han escrito novelas, biografías e investigaciones sobre asesinos y psicópatas que habían cometido crímenes terribles. Ahora bien, cuando el crimen no pertenece a la ficción, es reciente, y sus víctimas siguen vivas, la forma de proceder y el consentimiento cobran vital importancia.

Ruth Ortiz: «No podemos dar voz a los asesinos»
Ruth Ortiz, la madre de los niños, agradecía este jueves el apoyo a la Fiscalía de Córdoba y de Huelva y a su abogada tras conseguir que Anagrama suspendiera la distribución del libro. Según sus palabras, “no podemos de ninguna manera dar voz a los asesinos” y añade que “si este tema no está bien regulado, habría de regularse correctamente”. La voz del asesino, según Ruth, “puede faltar al honor, a la intimidad y a la imagen de las víctimas”.
«Cuando una mujer pide ayuda, una madre pide ayuda, es porque de verdad la necesita» – Fragmento de la carta de Ruth
En la denuncia, a parte de la intromisión ilegítima al derecho de la intimidad y la propia imagen de los menores fallecidos, se señala que su publicación supone también un tremendo dolor y nuevos daños psicológicos en la víctima.
Libertad de expresión vs. derechos de las víctimas
Tenemos, entonces, dos principios enfrentados: el derecho a la libertad de expresión y a la no-censura contra el derecho a la privacidad y dignidad de las víctimas. También, creo que se ha de tener en cuenta que, antes de proceder a la publicación de una obra, es importante si autor/editorial/productora cuidan la sensibilidad de la víctima o la obra “va por libre”. Si ha habido consentimiento y diálogo con la persona afectada.
Que el libro sea con un enfoque investigativo y no se regodee en el sensacionalismo y el morbo también es parte de lo que una edición responsable tendría que ocuparse.
Casos similares: Patricia Ramírez y el documental de la asesina de su hijo
Esto recuerda a una polémica que enfrentó Patricia Ramírez, madre de Gabriel Cruz, que también tuvo que interponer una demanda ante un posible documental que se estaba grabando con testimonios de la asesina de su hijo desde la cárcel. En este caso, como en el de Ruth, también se habló de una revictimización de las víctimas, que abría heridas y resultaba dolorosa para su madre, que tuvo que exponerse y denunciar los hechos públicamente. De hecho, la madre de Gabriel se ha posicionado al lado de Ruth.
A nivel de marco legal, el libro podría publicarse si no contiene información privada sin consentimiento, no difama a la víctima ni a sus allegados y presenta hechos con rigor periodístico y sin sensacionalismo.
Pero, al final, si hablamos de ética, tanto en el caso de Ruth como en el de Patricia, es siempre a ellas a las que no se tiene en cuenta a la hora de publicar algo que afecta directamente sus vidas y explota la tragedia que sufrieron. En cambio, es la visión del asesino la que se busca, se difunde y se escucha.
En su carta, Ruth se dirige a los familiares de la última mujer asesinada por violencia de género, Andrea, de 34 años en Burgos, y les da el pésame.



