Mi ‘pelo malo’ es mi corona

Niña de pelo afro mirando a la cámara

En el caribe, el racismo se ha vuelto algo poco problematizado y gravemente normalizado e internalizado, donde se usan términos denigrantes hacia personas que no entran dentro de un estereotipo “ideal” por su color de piel e incluso por su tipo de cabello. 

Desde pequeña, he presenciado personas a mi alrededor ver a una persona negra y con cabello afro o rizado, y decir “tiene pelo malo”. 

Muchas mujeres, desde su infancia, se ven obligadas a alisarse el cabello y a ocultar todo rastro de su afrodescendencia. Como si fuera algo por lo que avergonzarse o esconderse. Esto les lleva a pasar por múltiples tratamientos para tener un cabello lacio, donde no haya ni un mechón de pelo rizado. 

¿Por qué? 

¿Qué es tener ‘pelo malo’? 

El término ‘pelo malo’ se refiere al cabello afro o rizado. Gran cantidad de personas, sobre todo en países como Venezuela y Colombia, usan este término sin reconocer que implica discriminación y es una demostración clara del racismo que muchos tienen internalizado. Está tan normalizado que sale de sus bocas sin un pensamiento o análisis de conciencia antes. ¿Pelo malo? ¿Qué lo hace malo? 

Desde niños nos ubican en una clase social y si tenemos ciertas características físicas, somos automáticamente “superiores” y tenemos un posición de privilegio ante los demás. 

Esto podemos observarlo en contextos escolares, cuando los alumnos se ven sorprendidos porque ha llegado un compañero negro al colegio y le tratan como un fenómeno, además haciendo comentarios constantes respecto a su color de piel y otras características físicas propias de su origen étnico. Cuando una de las niñas es de cabello rizado y las demás le preguntan por qué no se lo alisa. Niñas de tan solo 9 años o menos con cabello liso, ya son ubicadas en un estatus más alto que les permite juzgar e incluso dictaminar quién es bonita y quién es fea. 

Cuando te alisas el cabello y te dicen que así te ves más bonita. Cuando te preguntan si has pensado en tener el pelo liso y cuestionan constantemente tu decisión de mantener tu cabello natural.

El término “pelo malo” perpetúa el racismo y la discriminación, y debe ser erradicado. 

Impacto psicológico 

Este término tiene un impacto psicológico profundo y negativo en quienes lo reciben. Algunas de sus consecuencias son: 

  • Baja autoestima: Al asociar su cabello son algo malo, las personas pueden sentirse menos valiosas y desarrollar una baja autoestima. Esto afecta su imagen corporal y su percepción de sí mismas. 
  • Inseguridad: El constante enfrentamiento al término “pelo malo” no solo genera inseguridad, sino también temor a ser juzgadas por nuestra apariencia física. 
  • Aislamiento social: La discriminación basada en el cabello puede llevar al aislamiento social, pues las personas pueden sentirse diferentes y rechazadas por el resto. 
  • Interiorización de estereotipos: Al interiorizar la idea de que su cabello es “malo”, las personas pueden adoptar creencias limitantes sobre sí mismas y sus capacidades. 
  • Presión social: La presión por parte de los demás por alisarnos el pelo o usar productos químicos, puede generar estrés y ansiedad. 
  • Dificultad para aceptar nuestra identidad: Nuestro cabello representa gran parte de nuestra identidad. Al rechazar o negar su forma natural, se dificulta la aceptación de nosotras mismas y nuestro origen étnico. 

¿Por qué es tan dañino este término? 

El uso del término “pelo malo” es una forma de racismo encubierto que refuerza los estereotipos asociados a las personas de raza negra. Sobre todo, impone un estándar de belleza eurocéntrico en donde el cabello liso se ve significativamente privilegiado y castiga la diversidad capilar. 

Finalmente, al utilizar este término, se ejerce una violencia simbólica que afecta la dignidad y el bienestar emocional de las personas. 

Mi experiencia 

Empecé a alisarme el pelo antes de los 10 años. En el colegio, me obligaban a mantener mi cabello recogido, mientras que a mis compañeras de cabello lacio les permitían tenerlo suelto. Recuerdo que, cuando estaba en sexto grado de la primaria, decidí hacerme el flequillo. Mis compañeros comenzaron a discriminarme y hacían comentarios a mis espaldas, diciendo que el flequillo no se ve bien en cabello rizado. Que yo podía ser más bonita “si me arreglaba”. Por ello, todas las mañanas me lo alisaba para evitar su desaprobación. 

Al entrar a la preparatoria, iba a la peluquería cada domingo para alisarme el cabello. Lo planeaba de forma minuciosa: cada domingo para que el alisado me durara toda la semana. Me lavaba el cabello los viernes o los sábados, dejando mi cabello natural sólo cuando no estaba dentro de la escuela. No soportaba verlo. 

A los 14 años aproximadamente, comencé a usar queratina y otros tratamientos para mantener mi cabello lacio de manera relativamente permanente. 

A los 15 decidí abrazar mi cabello natural. Que el usar tratamientos para alisarlo fuera solamente mi decisión. No de otros. Si quiero tenerlo liso o rizado, será por mis propios deseos y no por las expectativas de los demás.

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