A estas alturas, todos hemos oído o leído algo en referencia a una tal Lily Phillips y un reto de lo más inusual: acostarse con 100 hombres en un solo día. El creador de contenido y youtuber, Josh Pieters, quiso dejar evidencia en un vídeo documental el proceso creativo y emocional antes, durante y después de la protagonista de esta singular empresa.
Lily, más allá del producto
No le importa cómo se refieran a ella: estrella del porno, escort, la chica del OnlyFans. Su identidad como mujer, como persona, es irrelevante, es un ser humano con una etiqueta a elegir por los demás. No se atreve a denominarse a sí misma como una mujer de negocios, pensando que la gente podría afirmar lo contrario, pero con tan solo 23 años y un equipo compuesto por nueve personas, siendo su propia madre la que lleva las finanzas, podemos decir que Lily Phillips es una empresaria que comercializa con su propio cuerpo.
Pero sí se considera una mujer feminista que hace lo que hace porque quiere y porque lo disfruta, que se ha apropiado del nombre femenino de zorro y lo lleva con orgullo, pues “una mujer que se acuesta con 100 hombres en un solo día es lo que es”. Afirma que, desde su experiencia, se siente “empoderada por el hecho de ganar dinero haciendo algo que los hombres harían de todas maneras; los hombres siempre me van a sexualizar, así que, porqué no sacar provecho de ello”. Sabe que ella es parte del problema por participar en esta fantasía masculina colectiva en la que el hombre espera que la mujer tenga una actitud tan extremista como la que Lily está proyectando, donde ellas tienen relaciones con un número elevado de hombres y practican actos que no forman parte de una vida sexual realista promedio. A pesar del conflicto interno, ella remarca que esta es su fantasía sexual y es algo que disfruta haciendo.
Se especula que ha podido llegar a ganar hasta 20 millones de dólares en un mes en esta red social. Parece dinero fácil, ¿verdad? Pero a qué precio. Como empresaria que es, su manera de mantener una postura profesional es no alentando conductas sexuales extremas o que puedan llegar a poner en riesgo su vida, pues algunas de las peticiones de sus fans están por encima de su moral. Sin embargo, reconoce que la promesa de una cuantiosa cantidad de dinero podría llegar a hacerle cambiar de opinión. Como en cualquier otro negocio, todo tiene un precio.
El anuncio fue publicado en un post de Twitter y los únicos requisitos eran estar suscrito a la plataforma, mandar una foto tuya sosteniendo un documento de identificación y estar de acuerdo con ser grabado para su cuenta de OnlyFans, con la posibilidad de no mostrar el rostro, y nada más. Ningún documento de antecedentes penales, un equipo de seguridad que se cerciorase de que ninguno de ellos iba armado o que supusiera una amenaza; pero al menos se priorizaba a aquellos que compartieran algún tipo de documento que garantizara que no tenían una ETS. Su principal preocupación nunca fue su seguridad, bienestar físico y mental, sino que el demandante pasara un buen rato, que no se sintiera asqueado.
Lily parece una mujer con una aparente vida normal. Cuando iba a la universidad, lo que empezó siendo un ingreso de dinero extra, se acabó convirtiendo en su carrera profesional. Se dio cuenta de la cantidad de dinero que podía ganar haciendo algo que realmente le gustaba, como es disfrutar de su sexualidad de forma libre y sin restricciones de ningún tipo, llegando a la conclusión de que esta podía ser una carrera económicamente rentable y divertida. Con una familia y un círculo de amigos que la apoya en lo que hace, a pesar de la aprehensión que su estilo de vida genera en sus padres y su preocupación por la seguridad de su hija, no le importa lo que la gente piense de ella. La parte más dura de su vida, afirma, es hacer amigos de verdad que no la vean solo como una estrella de contenido para adultos, que vean más allá, la persona que hay detrás del producto; superar el prejuicio sobre su persona. Ese miedo al rechazo que todos hemos podido llegar a sentir alguna vez en determinado contexto social, con el añadido de no llegar a sentirse una mujer de valor por la profesión que desempeña y que despierta un desprecio inherente en los demás como resultado de una idea preconcebida, son las batallas diarias con las que lidia.
Sin embargo, yo veo a una mujer con una profunda herida emocional que, aunque no empezó en este negocio por una necesidad económica como podría ser el caso general, sí siente la urgencia de seguir alimentando a la bestia. Algo que arrancó como un juego inocente y que sorprendentemente para ella fue todo un éxito, la ha convertido en la gallina de los huevos de oro. La demanda va de la mano de la perversión, el monstruo está hambriento, ha comido pero no está saciado, quiere más y más, cada atracón lo deja con la duda de qué será lo siguiente pero con la certeza de que nunca será suficiente. Con el fin de mantener el negocio y seguir ganando dinero, tiene que expandir el universo, elevarlo hasta el extremo progresivamente, mejorar el juego para mantener a la audiencia contenta. Sobrepasar las expectativas, seguir creando contenido con el pretexto de la aceptación del falso discurso de la libertad sexual de las mujeres, que no deja de ser machismo encubierto. No es ningún acto de empoderamiento ni liberación ponerle precio a tu cuerpo. En este patio de recreo de la objetivización, solo se consigue ir perdiendo poco a poco parte de uno mismo, perdiéndose como persona, convirtiéndolo en un acto de deshumanización público.
Crónica de los culpables de siempre
Toda clase de juicios, conjeturas, psicoanálisis y acusaciones se han lanzado sobre Lily, pero nadie se ha pronunciado o se ha molestado en pensar en los 100 cómplices que han perpetrado este acto tan necio. 100 hombres que volaron desde otras partes del mundo, la mayoría fueron explícitamente para el evento y nada más; 100 hombres de todas las edades y perfiles; 100 hombres que han cometido un acto egoísta por el que deberían sentirse preocupados, asqueados y avergonzados; 100 hombres que no se han planteados las consecuencias físicas y psicológicas para una mujer que está exponiéndose de una manera tan cruda y desprotegida; 100 hombres que han colaborado en el abuso autoinfligido de una mujer vulnerable. No se han puesto en el lugar de Lily, en cómo de herido puede estar alguien al ofrecerse a 100 hombres distintos durante doce horas, uno detrás de otro, 100 fluidos que cubren tu cara y tu cuerpo; 100 hombres con libre acceso a tu cuerpo durante cinco minutos; 100 hombre que no se respetan, no se quieren, que hacen daño y se hacen daño; 100 hombres seguros de que no contraerían ninguna ETS porque ellos saben que han aportado un test que asegura están limpios, pero no saben si el resto ha hecho lo mismo, dado que muchos cancelaron la cita en el último momento y otros tantos se inscribieron horas previas al encuentro, siendo aceptados por un equipo desesperado por cubrir las 100 plazas.
Deberíamos dejar de señalar y culpar a las víctimas y empezar a poner el foco de atención en los perpetradores de actos inhumanos y asquerosos como este, porque sin demanda, no hay oferta, sin verdugo no hay víctima.
El análisis del día deja en evidencia a un equipo de “profesionales” que no estaba preparado, que no tenía un plan previamente establecido e iba improvisando sobre la marcha, y que frivolizaba e incluso bromeaba no solo con la situación sino también con los participantes (un miembro del equipo incluso les amenizó la espera con trucos de magia). El análisis inmediato que hace Lily es escalofriante: en doce horas solo comió algunos snacks, un sandwich y ocasionales electrólitos; que en cierto punto el acto per se empezó a ser una rutina, el procedimiento, la charla previa; que disoció y solo recuerda a cinco o diez hombres. Una experiencia intensa y extrema que deja a una Lily llorando pero no por las razones que podríamos llegar a pensar, dolor físico o arrepentimiento. Su principal preocupación fue que la transacción no fuera del todo favorable para ellos, sintiendo la presión de satisfacerles en cinco minutos (o incluso tres en algunos casos) y tener que lidiar con la decepción de algunos de ellos, haciéndola sentir culpable y la responsable de pagar una deuda para con ellos, pues no deja de ser un público fiel que le apoya y que, a cambio, solo espera lo prometido: una experiencia inolvidable con su ídola. Una Lily que días previos al encuentro se mostraba emocionada e incluso feliz, acabó tremendamente disgustada y triste, nunca pensando en ella misma, sino en su negocio.
Lejos de renegar de una nueva experiencia similar, días después se propuso repetir el reto en febrero de 2025, esta vez con 1000 hombres. Lo que viene después no lo sabemos, solo el tiempo será juez indiscutible del futuro de Lily Phillips.



