El Centro Cultural madrileño «La Casa Encendida» reunió a destacadas activistas en un curso que exploró cómo el racismo, el colonialismo y otras formas de opresión afectan a las mujeres desde una perspectiva interseccional.
Durante los días 10 y 11 de diciembre, La Casa Encendida ha acogido el curso especial “Contra el racismo y la discriminación: interseccionalidad y anticolonialismo”, un espacio único que reunió a tres destacadas activistas: Rafia Zakaria, Yásnaya Elena Aguilar Gil y Adilia de las Mercedes. Este evento buscó reflexionar sobre la urgencia de generar debates en torno al racismo, el colonialismo y las múltiples formas de opresión que afectan a las comunidades a nivel global.
El racismo no es solo una herencia del pasado; es una problemática vigente y estructural que se manifiesta en la vida cotidiana. Además, interactúa con otras formas de opresión, como el sexismo y la desigualdad de clase. Este encuentro se ha enfocado en analizar estas dinámicas desde una perspectiva transnacional e interseccional, promoviendo herramientas para cuestionar y transformar las estructuras que sustentan la discriminación.
El síndrome de la salvadora blanca según Rafia Zakaria
En la primera sesión, Rafia Zakaria, abogada, periodista y autora del libro “Against White Feminism” (Contra el feminismo blanco), profundizó en el concepto del feminismo interseccional y criticó el complejo de la “feminista blanca salvadora”. Según Zakaria, este fenómeno atraviesa a muchas mujeres del mundo occidental, incluso a aquellas conscientes de los ideales feministas.
Zakaria destacó que el feminismo moderno se ha construido principalmente en torno a las necesidades y experiencias de las mujeres blancas, ignorando las realidades de las mujeres racializadas. Por ejemplo, mientras en Occidente las metas suelen ser “alcanzar puestos de poder” o “tener libertad de decisión sobre la maternidad”, estas no son prioridades para mujeres y niñas de comunidades marginadas en Oriente Medio o regiones alejadas del colonialismo occidental.
La escritora también cuestionó los ideales de éxito feminista, que a menudo reproducen estructuras patriarcales: “Las mujeres tenemos los sueños impuestos por los hombres”, declaró Rafia. Finalmente, la autora invitó a reflexionar sobre cómo la «blanquitud» influye en la forma en que se aborda el feminismo: “No es necesario ser blanca para hacer feminismo blanco”.
En su intervención, Yásnaya Elena Aguilar Gil, reconocida activista por los derechos lingüísticos e indígenas, abordó la opresión cultural y lingüística que sufren las comunidades indígenas. Según Yásnaya, el patriarcado, el colonialismo y el capitalismo son sistemas interconectados que perpetúan una opresión homogénea y global.
La opresión lingüística y cultural según Yásnaya Elena Aguilar Gil
“No se pueden separar; forman parte de la misma mezcla homogénea, se complementan entre sí”, afirmó. Además, Yásnaya criticó el nacionalismo moderno, que basa su narrativa en la creación de un mundo dividido en entidades estatales, bajo la premisa de que un estado equivale a una nación. Estas narrativas, diseñadas y controladas por el Estado, son herramientas de dominación cultural.
Otro aspecto central de su exposición fue cómo los sistemas de validación, como la ciencia, la literatura, la filosofía y el feminismo occidental, deslegitiman las creencias y conocimientos de las comunidades indígenas. Según Yásnaya, estas instituciones establecen jerarquías culturales donde lo que expresan las comunidades indígenas es considerado inválido o inferior: “Lo que ellos dicen ‘no vale’”.
Yásnaya cerró su ponencia subrayando la necesidad de reconocer y valorar las lenguas y culturas indígenas como pilares esenciales para la diversidad y resistencia frente al colonialismo.



