¿La cultura es de todos?

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Hace unos días, en el evento “Orígenes 2024” organizado por la Asociación de Moda Sostenible del Perú que se ubicó en Barranco, Lima – Perú. Se reunieron diferentes figuras de la moda peruana, entre ellas la diseñadora Anís Samanez junto con el editor de Vogue México, José Forteza.

La idea de este evento era poder hablar de la diversidad en la moda peruana, enriquecida por la variedad de culturas que encontramos en nuestro país.

O eso era de esperarse, pues el evento se vio opacado por comentarios que mostraban un gran desprecio y racismo normalizado por parte de la diseñadora mencionada anteriormente junto con su compañero.

Ella contó una anécdota en la cual quiso que se hiciera una colaboración con la comunidad amazónica shipibo-konibo en la que ellos le daban el conocimiento del diseño y ella les daba la experiencia que tenía en su rubro de moda.

La comunidad no aceptó, y le dieron un precio que a ella le pareció excesivo y que “ella no era menos peruana que ellos por nacer en la costa”, “que la cultura era suya así como de ellos, y que no tenían por qué cobrarle”, entre otras frases que mostraban una gran ignorancia y desprecio a un conocimiento ancestral que es resguardado por esta comunidad.

¿De quién es la cultura?

Pero la verdadera pregunta nace aquí: ¿realmente la cultura es de todos? Que todos hayamos nacido en el mismo país no hace que hayamos vivido las mismas realidades, ni mucho menos que nuestras experiencias nos hayan atravesado de la misma forma.

Pensar que una comunidad ancestral nos debe conocimiento gratis no solo es ignorancia sino también apropiación cultural, se trata de sacar provecho de las culturas históricamente olvidadas, agarrando detalles y recursos de éstas, sacándolas de su contexto para lucrar con ellas muchas veces sin su permiso. Este tipo de tratos siguen permanentes hasta el día de hoy, pues tanto la diseñadora como el editor no veían el error en sus palabras ni en sus actos, y creían que el problema los tenías los de la comunidad shipiba, por no haber cedido ante un trato injusto.

Pocos días después, la artista shipiba Milka Franco salió a desmentir todo, porque en realidad, Anís había afirmado un precio muy diferente al que era, no mencionó que al final sí había pagado (S/400 por persona) a tres personas del colectivo, que era un precio muy por debajo del que se habló originalmente.

Milka Franco. Foto: ANDINA / Renato Pajuelo

Y finalmente, le había pedido a la misma artista que se disculpe por lo que estaba pasando en internet, cuando fueron las palabras de Anís, las que causaron el propio rechazo de la gente.

Termino de escribir esto porque muestro mi solidaridad con la artista Milka Franco, y creo que cualquier trabajo merece un trato justo y honesto, que muestre claridad por ambas partes. Perú es un país con una fuerte mentalidad colonial muy presente hasta el día de hoy, y al menos, quiero contribuir a que se deje de normalizar estos actos.

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